BOLETÍN DIGITAL
MARZO 2008
   

INDOC. Centro de documentación Arte y Naturaleza

     

 

Mariano Anós presenta su particular visión de la Colección Beulas-Sarrate

 
 

El proyecto Asomarse al interior: nuevos horizontes en la geografía personal de la colección Beulas-Sarrate, comisariado por Chus Tudelilla, inaugura su 5ª exposición el próximo 7 de marzo en el CDAN. Asomarse al interior es una invitación a que las miradas privilegiadas de lectores artísticos vinculados al ámbito de la cultura y el conocimiento brinden nuevos encuentros, renovadas interpretaciones y decisivos impulsos de futuro al legado Beulas.

En esta ocasión es Mariano Anós, vinculado estrechamente al mundo de las artes escénicas, pero además, actor, pintor y escritor quien se ha acercado a la colección para compartir su visión de ella. Bajo el título Figura del horizonte, la exposición se podrá visitar del 7 de marzo al 6 de abril de 2008.

 
 

La Sala 2 del CDAN acoge las exposiciones de Asomarse al interior. Anteriormente han participado en el proyecto artistas como Fernando Sinaga o Enrique Larroy, músicos como Juanjo Javierre o escritores como Manuel Vilas. Vinculado especialmente al universo de las artes escénicas, pero con una polifacética trayectoria dentro de la cultura, ahora le corresponde el turno a Mariano Anós (Zaragoza, 1945), quien ha seleccionado algunas obras pertenecientes a la colección, como las de Ignasi Aballí, Francisco Arias, Vicente Badenes, José Manuel Broto, Alberto Carrera Blecua, Joan Hernández Pijuán, Antón Lamazares, Fernando Lerín, Joaquim Mir, César Montaña, Antoni Tàpies o Romà Vallés.

Anós se sirve de esta selección para acercarnos a una reflexión sobre el tema del paisaje, tal y como nos descubre en el siguiente texto, realizado para ilustrar la exposición:

 

Es trabajo de siglos el paisaje
Cuya luz va a morder casual retina,
Carroña vengadora que examina
Al mortal que le rinde vasallaje.

Leerás la penuria de su encaje
Como cuerpo es tu cuerpo de doctrina,
Que hasta el azul más cauto al fin termina
En sustancia amarilla de lenguaje.

Un eco de tu ausencia es la figura
Que en el temblor fugaz del panorama
Dibuja una precisa arquitectura.

El secreto del mundo es su proclama.
No hay ver si no es el verse la espesura.
No hay nombrar sin nombrarse como trama.

Figura del horizonte

Un soneto es un paisaje vertical. El celaje de los cuartetos parece desplegarse con cierta fluidez. El segundo terceto (primer término, denso, terrenal) puede venir un dios a imponerlo en su evidencia. De condición esquiva, es el primer terceto el que resiste, como herida rebelde a la sutura. Es donde está el trabajo. Pasar del cuatro al tres: tarea que roza lo imposible. Hay que aterrizar, pero cómo, dar cuenta de un salto que del ojo al cerebro se extravía. Un esfuerzo agotador. ¿Por qué? Se trata de la figura del horizonte, es decir del pánico.

Todo paisaje es un paisaje con figuras. Es en realidad la loca empresa de afanarse en borrar las figuras que lo asedian. Reducir el terror, quizá para encontrarle otra distancia que nunca será la del reposo. No le está permitido. Pintar un paisaje es afrontar el horizonte de la derrota. La aventura estará en la peripecia de llegar hasta ella, ser capaz de reconocerla y tener el valor de retirarse susurrándose al oído: ya está, no puedo más, acepto sostener el intervalo hasta la próxima derrota. Una y otra vez inacabando: un paisaje es por fuerza plural, jirones de una terca sucesión de fracasos. Beckett: “Fracasa otra vez, fracasa mejor”.

Aparato digestivo de lo real que escapa siempre, que no hace otra cosa que escapar (y sólo su escapar es lo que de verdad nos pertenece), la figura del horizonte multiplica sus disfraces hasta el vértigo, pues el vértigo al fin es la misión que tiene encomendada. Y qué vamos a hacer sino caer en sus disfraces, recomenzando siempre, como el mar, como Claude, como Turner, como Rothko, como cualquiera que, libre de dioses, se atreva a aventurarse en el temblor de lo sagrado.

Pues el paisaje tiembla: es lo que tiembla. El formato qué importa. Qué importa el ciervo, la montaña, el puente, el surco, la alameda. Queda el temblor, abismándose. Porque “hay una grieta en todas las cosas, así es como entra la luz” (Leonard Cohen lo dejó cantado). La herida de la luz, la que salva del agujero negro, exige una renuncia a lo completo. Se pinta si acaso, justamente, la grieta, eso que no está ahí, que pertenece al tiempo de antes de lo que está ahí, y al que estará después. De manera que (María Zambrano lo dejó escrito) el problema de la pintura no es el espacio, sino el tiempo. El problema es tratar de entender en qué consiste ese problema. Quien pinta espera no entenderlo nunca.

Tal vez una mujer embarazada entienda algo. A espaldas del reloj, en una calma furiosa, custodia el tiempo, lo desmide. No dice nada. No tiene nada que decir. Por si acaso, no está de más la precaución de ponerla por testigo, haciéndose cargo de todas las figuras huidas, borraduras del horizonte.

Mariano Anós

Más información

Asomarse al interior: Nuevos horizontes en la geografía personal de la colección Beulas-Sarrate es un proyecto comisariado por Chus Tudelilla.

Todos los datos de esta exposición, la biografía de Mariano Anós, así como otros proyectos expositivos de Asomarse al interior, se pueden consultar a través del siguiente enlace:

Fuente: textos, CDAN y Mariano Anós ; fotografía correspondiente a la obra Caligrafía vertical, de Antoni Tàpies. Colección Beulas-Sarrate. CDAN Fundación Beulas.

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