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MONOGRAFÍAS
   

INDOC. Centro de documentación Arte y Naturaleza

     

  Alberto Carneiro y la Colección-Itinerario Arte y Naturaleza del CDAN
 
 
 

El 30 de junio de 2006 se inauguraba, junto a una chopera en el valle de Belsué, la intervención artística titulada As árvores florescem em Huesca (Los árboles florecen en Huesca). Basándose en la filosofía oriental, el escultor portugués ha configurado un mandala en relación a la naturaleza en la que se integra la obra, de la que celebramos su primer aniversario.

 
 

Los árboles florecen en Huesca se ubica dentro del valle de Belsué, en las inmediaciones del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, un espacio natural protegido del Prepirineo aragonés, muy valorado por los amantes de la montaña, que encierra gran variedad de cañones, gargantas y barrancos modelados por las aguas. Carneiro, que entre otros muchos galardones ha recibido el Premio Nacional de Escultura de Portugal, fue invitado a participar en el programa Arte y Naturaleza. Durante meses estuvo recorriendo los diversos paisajes que esconde la geografía de la provincia de Huesca, hasta hallar en el valle de Belsué un paraje recóndito, que le pareció precioso, y donde encontró el lugar ideal para abrir un diálogo con la naturaleza.

La mirada de Carneiro se dirigió hacia un lugar en el que construir su mandala personal, que es la obra As árvores florescem em Huesca (Los árboles florecen en Huesca). Como nos explica el profesor Javier Maderuelo, en el catálogo editado por el CDAN Alberto Carneiro (2006),  "los mandala son unos complejos dibujos que de manera esquemática combinan figuras geométricas, como triángulos y cuadrados, que se entrecruzan en disposiciones concéntricas, formando imágenes circulares que pueden llegar a desarrollar una gran complejidad. los mandalas, que poseen un sentido contemplativo y místico, han llegado a alcanzar también un alto sentido ritual y estético. Sus entrelazados dibujos no son representaciones en el sentido imitativo que le damos los occidentales al término representación, sino esquemas abstractos en los que se unen y concentran conceptos religiosos y sexuales. Alberto Carneiro, que se ha interesado por la psicología profunda y por otros temas relacionados con el control de la mente, ha encontrado en la configuración de mandalas un motivo de trabajo artístico que le permite unir lo estético y lo conceptual a las ideas de ritual y de naturaleza, que tan presentes están en muchas de sus obras.".

Efectivamente, en el valle de Belsué se dan las condiciones idóneas que permiten inspirar la creación de un mandala e interpretar de esta manera el paisaje según la poética del artista portugués: el silencio total en un valle alejado del tránsito de vehículos, la presencia de un arroyo con agua cristalina, las ricas formas geológicas de los montes, la disposición circular del entorno a la vez que las formas lineales de una chopera -que enriquece el emplazamiento con una gran variedad de paisajes en el discurrir de las estaciones-, provocaron que la idea artística pudiera comulgar perfectamente con la energía de aquel espacio. Precisamente, el crítico de arte y profesor Alberto Ruiz de Samaniego, en el catálogo Alberto Carneiro (op. cit.), se refiere a la relación del escultor luso con la naturaleza: "Como en la noción romántica de la naturaleza, en Alberto Carneiro podemos encontrar un cierto designio energético o vida que discurre a través de la naturaleza misma, y que circula como en una especie de cadena metamórfica que implica por descontado, la inmersión y disolución del propio individuo en la misma".

Con esta intervención artística, Alberto Carneiro construye un nuevo eje del mundo, que nos permite comulgar con toda la naturaleza que rodea la obra, desde las formas sugerentes de las rocas o las montañas, hasta los elementos presentes en el espacio como el agua del arroyo, el viento y su sonido en las hojas de los chopos, matices estos que varían según la estación del año y que, en consecuencia, nos transportan a infinidad de paisajes y a la consideración del factor tiempo en este espacio.

As árvores florescem em Huesca está formada por un espacio cuadrado, delimitado por cuatro muros construidos con piedra de Ayerbe, en cuyo centro se encuentra una piedra negra con el nombre de la estación del año a la que representan. Los muros están exentos, permitiendo de esta forma acceder al interior del espacio por las esquinas del cuadrado. En el centro encontramos un gran menhir contemporáneo erigido con piedra de Calatorao que encierra en su interior una escultura de bronce realizada a partir del vaciado que Carneiro hizo del injerto de ramas en floración de tres árboles de su jardín en Coronado (Portugal). En el suelo del perímetro del cuadrado podemos leer un aforismo:

Yo, la Tierra madre, alimento este árbol con el humus de mi vientre.
Este árbol crece hacia adentro de mí y florece hacia afuera.
Los frutos de este árbol maduran y me descubren la vida.
Transformada en sustancia soy la esencia del ser de este árbol.

En palabras del comisario y crítico de arte Javier Maderuelo dentro del catálogo Alberto Carneiro editado por el CDAN: "La obra compromete indistintamente al lugar, al ubicarse en él y dotarlo de un nuevo sentido, y también al cuerpo de quien penetra en su interior. Los grandes muros ciegos de piedra no configuran ni una casa ni una nave agrícola sino que constituyen una "arquitectura poética", un mandala, en cuanto que s elevan para ofrecer una potente estructura geométrica sin funcionalidad, que sirve para encerrar en su interior una metáfora del árbol, la escultura en bronce que se deja ver parcialmente en el interior de un gran gnomon, un menhir contemporáneo." Y continúa, "Otra interpretación, desde un punto de vista diferente, nos permitiría entender As árvores florescem em Huesca como un jardín ubicado en el interior de un paisaje. Un hortus conclusus encerrado dentro de un alto muro realizado en seco con piedra de Ayerbe. En éste, como en cualquier jardín, su trazado responde a un programa iconográfico y contiene un juego de metáforas".

Carneiro invita con su obra a descubrir estas metáforas, a sentir la sencillez de un espacio que abandona su anonimato en el mundo, para convertirse en un eje de poética visual y de diálogo con la naturaleza.

 

Cómo llegar As árvores florescem em Huesca

Desde Huesca, tomar la autovía en dirección Sabiñánigo y Jaca. A partir de la localidad de Nueno la autovía se convierte en la carretera N-330. Dejamos esta carretera justo a la altura de la presa del pantano de Arguis, tomando a mano derecha el desvío señalizado en dirección a esta localidad. Ascendemos por la vieja carretera cruzando el pueblo de Arguis y seguimos por ella unos kilómetros por la falda de la sierra. Justo antes de ver el túnel de la Manzanera, dejamos esta carretera antigua y nos desviamos a la derecha en dirección a Belsué y Nocito. Debemos continuar por ella durante cinco kilómetros siempre en dirección a Nocito, pasando junto al pueblo de Belsué. Tras unos kilómetros, cruzaremos un puente junto a la chopera y ya observaremos la obra de Carneiro.

Desde Sabiñánigo y Jaca, tomar la carretera N-330 en dirección a Huesca. Después de atravesar los dos túneles de Monrepós, tomar el desvío hacia Arguis, tomando a mano derecha el desvío señalizado en dirección a esta localidad. Ascendemos por la vieja carretera cruzando el pueblo de Arguis y seguimos por ella unos kilómetros por la falda de la sierra. Justo antes de ver el túnel de la Manzanera, dejamos esta carretera antigua y nos desviamos a la derecha en dirección a Belsué y Nocito. Debemos continuar por ella durante cinco kilómetros siempre en dirección a Nocito, pasando junto al pueblo de Belsué. Tras unos kilómetros, cruzaremos un puente junto a la chopera y ya observaremos la obra de Carneiro.

Más información:

 

Textos: CDAN ; Fotografías: Esteban Ania (1 y 2) y Javier Campano (3 y 4).

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